El Tribunal Superior del Trabajo (TST) consideró discriminatorio el despido de una gerente de Avon diagnosticada con depresión.
La decisión tuvo en cuenta que la rescisión del contrato ocurrió apenas dos meses después del regreso de la trabajadora, tras un período de licencia concedida por el INSS. En la demanda laboral, la gerente afirmó que el trastorno depresivo era recurrente y estaba asociado al estrés ocupacional.
Según su relato, el entorno de trabajo estaba marcado por una fuerte presión por el cumplimiento de metas y por exigencias humillantes, como participar en reuniones disfrazada y promocionar productos en la vía pública utilizando un megáfono y pelucas de colores, incluso en zonas con altos índices de violencia. Asimismo, señaló haber sido objeto de cambios de área con reducción salarial.
La empresa deberá pagar el equivalente al doble del salario desde la fecha del despido hasta la publicación de la sentencia.
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